Empieza justo donde acaba la nuestra. Es la única costa grande a la que desde el Guadalentín se puede ir y volver en el día, y también la que más plazas hoteleras concentra cerca de casa: cerca de novecientas puertas donde elegir.
La Costa Blanca es el litoral de la provincia de Alicante, y para quien vive en Lorca eso quiere decir algo muy concreto: es la continuación de la de casa. Pilar de la Horadada, el primer municipio alicantino, hace frontera con San Pedro del Pinatar, que es el último murciano. No hay salto ni cambio de paisaje: se cruza una raya administrativa y se sigue por la misma orilla.
Desde ahí sube hasta Dénia, ya frente a Ibiza, y en ese recorrido cambia de carácter dos veces. Es una costa mucho más larga y mucho más poblada de lo que parece desde fuera: en nuestro buscador reúne cerca de novecientos hoteles repartidos por más de ochenta núcleos, de Pilar de la Horadada a Dénia y metiéndose hacia dentro hasta Elche, Alcoy y Guadalest. Es, de largo, la mayor concentración de plazas que tenemos al alcance de un trayecto corto.
El sur —Pilar de la Horadada, Orihuela Costa, Torrevieja, Guardamar del Segura, Santa Pola— es llano, de arena y de urbanización extensa, y es el que más se parece a lo de aquí. Torrevieja tiene sus salinas y la laguna rosa; Guardamar, una pinada y un sistema de dunas plantado hace más de un siglo para frenar la arena; y Santa Pola, el embarcadero a Tabarca, que es isla, reserva marina y el mejor sitio de la provincia para hacer snorkel.
El centro es Benidorm, que no es un tramo sino una categoría aparte y tiene apartado propio.
Y el norte —Altea, Calpe, Benissa, Moraira, Benitatxell, Xàbia, Dénia— es otro mundo: la montaña baja al mar, hay acantilados y calas de piedra, el agua es más clara y más fría y los pueblos son blancos y de calle empinada. El peñón de Ifach preside Calpe y es parque natural; la subida tiene aforo limitado, así que conviene comprobar antes cómo se accede. Es el tramo más caro, el más bonito y al que más se tarda en llegar desde aquí.
Benidorm concentra él solo alrededor de un tercio de todo el alojamiento que tenemos en esta costa, sumando Levante, Poniente, el centro y el Rincón de Loix. Ese dato explica dos cosas prácticas: que casi siempre haya sitio aunque se pida con poca antelación, y que la variedad de categorías y de regímenes sea mucho mayor que en cualquier otro punto de la provincia.
Su segunda particularidad es la temporada. La sierra la resguarda por el norte, el invierno es suave y Benidorm no cierra: tiene temporada propia de invierno, con hoteles abiertos, paseo lleno y un público que se queda semanas enteras. Para quien desde aquí quiere una semana de sol en enero o en febrero sin coger un avión, es la respuesta más corta que existe.
Y la tercera es que tiene el ocio familiar resuelto y agrupado: Terra Mítica, Terra Natura, Aqualandia y Mundomar están todos alrededor, y hacia el interior, en un rato corto de coche, quedan Guadalest colgado de su peña y las fuentes del Algar, que es la excursión clásica de la comarca.
Alicante ciudad es, después de Benidorm, donde más alojamiento hay, y es un destino en sí mismo: el castillo de Santa Bárbara sobre el monte Benacantil, la Explanada, el barrio antiguo y la playa del Postiguet a la que se llega andando. Sirve además de base para quien no quiere coger el coche todos los días.
Elche está al lado y tiene dos cosas declaradas Patrimonio Mundial: el palmeral, que es el mayor de Europa, y el Misteri d’Elx, el drama sacro que se representa cada agosto en la basílica de Santa María. Es una visita de medio día que casi nadie de fuera hace y que merece mucho la pena. Y tierra adentro, Alcoy, Biar, Villena o Guadalest son montaña de verdad, que no es lo que se espera de una provincia catalogada como playa.
En verano funciona todo, con julio y agosto llenos, y con una particularidad que conviene saber desde aquí: agosto en Benidorm y en Torrevieja está tan lleno como en casa, así que no sirve de válvula de escape en la primera quincena. Junio y septiembre son claramente mejores, y septiembre en el norte de la provincia —Calpe, Moraira, Xàbia— es probablemente el mejor mes del año, con el agua todavía caliente y los pueblos ya vacíos.
El invierno es donde esta costa se separa de todas las demás: Benidorm y Alicante mantienen temporada de verdad, y para un puente de diciembre o una semana de febrero son una opción real y cercana. En el norte pasa lo contrario, y muchos establecimientos y restaurantes bajan el ritmo fuera de temporada, así que ahí conviene comprobar qué está abierto antes de reservar.
Hay además una fecha local que llena la ciudad y conviene tener en el calendario si hay que alojar a alguien: las Hogueras de San Juan de Alicante, en junio, declaradas de interés turístico internacional.
Esta es la parte que no puede escribir la web de una agencia de Madrid. Desde el valle del Guadalentín, el sur de la provincia —Torrevieja, Orihuela Costa, Guardamar, Santa Pola— está a distancia de ir y volver en el mismo día: es playa de domingo, no unas vacaciones. Benidorm ya pide dormir para que compense el trayecto, y funciona muy bien como fin de semana o como puente. Y el norte, la Marina Alta, es un viaje de dos noches como mínimo si no se quiere pasar la mitad del tiempo conduciendo.
Eso tiene una consecuencia práctica en agosto, que es cuando aquí se nota: con la costa de casa llena, la Costa Blanca es el sitio con más plazas disponibles a un trayecto razonable. Y al revés, si de lo que se trata es de no conducir, la Costa Cálida sigue ganando y para eso tiene su propia página.
También es la costa donde está el aeropuerto que casi todo el mundo de por aquí acaba comparando con el de Corvera cuando se va lejos. Esa decisión no se resuelve mirando cuál queda más cerca, y por eso tiene página aparte en esta web.
En el buscador se ve disponibilidad y precio para las fechas y para la ocupación real de cada habitación, y la reserva se pide desde la ficha del hotel; la confirmación la hacemos nosotros y llega por escrito. Con cerca de novecientos establecimientos entre los que elegir, lo que aporta el mostrador no es el precio de la pantalla: es descartar. Saber qué está de verdad en primera línea, qué hotel de Benidorm está en lo alto de una cuesta que hay que subir a las tres de la tarde y cuál del norte tiene la cala al final de una escalera larga.
Estamos en la avenida de Europa 50 de Lorca, con cita previa, y en el 679 711 147, también por WhatsApp. Para una costa que se tiene al lado, una llamada suele ahorrar la tarde entera de comparar pantallas.
Es el litoral de la provincia de Alicante. Empieza en Pilar de la Horadada, que hace frontera con San Pedro del Pinatar y con la Costa Cálida, y termina en Dénia, ya frente a Ibiza. En medio quedan Torrevieja, Guardamar, Santa Pola, Alicante, Benidorm, Altea, Calpe y Xàbia.
El sur es llano, de playa de arena larga y urbanización extensa, más barato y más cerca de aquí. El norte, de Altea hacia Dénia, es de montaña, acantilado y cala de piedra, con agua más clara, pueblos más bonitos y precios más altos. No son la misma costa ni el mismo viaje.
Al sur de la provincia, sí: Torrevieja, Orihuela Costa, Guardamar y Santa Pola se hacen como una salida de un día. Benidorm compensa más durmiendo, y la Marina Alta —Calpe, Moraira, Xàbia, Dénia— pide al menos dos noches para que el trayecto no se coma el viaje.
Es de los pocos sitios de la península con temporada de invierno de verdad: hoteles abiertos, paseo con gente y clima suave porque la sierra la protege por el norte. Para una semana de sol en enero o febrero sin coger un avión, es la opción más cercana que hay desde aquí.
Alrededor de Benidorm están agrupados Terra Mítica, Terra Natura, Aqualandia y Mundomar. En el sur, las playas de Guardamar y Santa Pola son anchas y de poca pendiente, y desde Santa Pola sale el barco a Tabarca, que con máscara y tubo es un plan redondo.
Cerca de novecientos, repartidos por más de ochenta núcleos de la provincia de Alicante, y alrededor de un tercio de ellos están en Benidorm. Es la mayor concentración de alojamiento que tenemos cerca de casa, y por eso casi siempre hay disponibilidad aunque se pida con poco margen.
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