Es la costa de las vacaciones familiares de toda la vida: playas larguísimas de arena fina, un parque temático que manda mucho más de lo que parece y una capital romana que casi nadie mira. Desde aquí se va en coche.
Es el litoral de la provincia de Tarragona. Arranca arriba, en Cunit y Calafell, ya casi tocando el área de Barcelona, y termina abajo en el delta del Ebro y en Alcanar, en el límite con Castellón. Lo que hay en medio es lo que le da el nombre: playas muy largas, de arena fina y dorada y de pendiente muy suave, sin apenas acantilado.
Esa arena tiene consecuencias prácticas, y no es una frase de folleto. El agua entra despacio y se hace pie durante mucho trecho, la playa sigue siendo ancha aunque esté llena y no hay que bajar escaleras para llegar a ella. Por eso es la costa peninsular donde más carritos de bebé y más abuelos se ven, y por eso funciona con familias de tres generaciones que en una cala entre rocas no cabrían.
La Costa Dorada tampoco existe como zona en el catálogo de los proveedores: hay que armarla municipio a municipio, y eso lo ha hecho una persona de la casa, igual que con la costa de aquí. Montada así reúne más de trescientos cincuenta hoteles repartidos por unos veintisiete núcleos, que es mucho más de lo que la mayoría de la gente se imagina cuando dice «Salou».
Lo primero que hay que entender es que aquí el alojamiento está concentradísimo. Salou solo tiene más hoteles que costas enteras; detrás van Cambrils, Tarragona ciudad y La Pineda, y a partir de ahí los números caen deprisa. La diferencia con la costa de casa es esa: allí se elige pueblo, aquí se elige barrio.
El motivo tiene nombre propio, PortAventura World, que está entre Salou y Vila-seca y arrastra buena parte de la oferta hotelera de alrededor. Si el viaje es por el parque, la pregunta buena no es cuál es el hotel más bonito: es cómo se va y se vuelve del parque cada día y cuántas veces se va a hacer ese trayecto. Un hotel al que se regresa andando y otro al que se regresa en coche y buscando aparcamiento son dos vacaciones distintas aunque en la foto se parezcan.
La segunda pregunta es el régimen, y se decide mal casi siempre. Quien pasa el día entero fuera come fuera: la media pensión que parecía buena idea al reservar se convierte en cenas a hora fija cuando el crío se ha dormido en la butaca del coche. Conviene pensarlo antes y es exactamente el tipo de cosa que preguntamos en el mostrador antes de cerrar nada.
Salou es el centro de gravedad: paseo largo, la playa de Llevant muy ancha y muy familiar, la de Ponent algo más tranquila, y en el cabo las calas pequeñas —Cala Font, Cala Crancs— unidas por el camino de ronda, que es lo que salva el sitio el día que uno está harto de gente.
Cambrils, pegado por el sur, es otra cosa: puerto pesquero en activo, lonja y una tradición de comer bien que le ha dado nombre propio fuera de Cataluña. La Pineda, por el norte, es plana, con playa larguísima y prácticamente sin desnivel, que es justo lo que busca quien va con carrito o con problemas de movilidad. Y Tarragona ciudad permite algo que no permite ningún otro punto de esta costa: dormir dentro de una ciudad con vida propia y bajar a la playa.
Siguiendo hacia el sur están Miami Playa, Mont-roig, l’Hospitalet de l’Infant y l’Ametlla de Mar, con costa ya más rocosa, calas pequeñas y bastante menos gente. Hacia el norte, Torredembarra, Altafulla, Creixell, Coma-ruga, Segur, Calafell y Cunit son los pueblos de veraneo de Barcelona y tienen otro ritmo, más de segunda residencia que de hotel grande.
Tarragona fue Tarraco, capital de la Hispania Citerior, y su conjunto arqueológico es Patrimonio Mundial de la Unesco. El anfiteatro está literalmente sobre el mar; luego están el circo por debajo de la ciudad, las murallas, el foro y, a las afueras, el acueducto de Les Ferreres. Es de las visitas romanas más completas que hay en España, se hace en un día y aguanta bien con niños.
Al otro extremo, el delta del Ebro es un parque natural que no se parece a nada del resto del litoral: arrozales hasta donde alcanza la vista, lagunas, flamencos, casas de barquero y playas enormes y vacías. Deltebre, Riumar, l’Ampolla y Sant Carles de la Ràpita son las bases lógicas, y el plan es de bicicleta, observatorio de aves y arroz. Quien repite en la Costa Dorada debería mirar aquí la segunda vez.
El verano es la temporada obvia y también la más llena, sobre todo la primera quincena de agosto. Junio y septiembre dan el mismo mar con bastante menos gente y con las tardes todavía largas.
Fuera del verano la costa cambia de uso. La Semana Santa y los puentes largos funcionan muy bien porque ni el parque ni Tarragona dependen del baño, y el otoño tiene además la vendimia del Penedès y el Priorat al lado. Lo que sí hay que comprobar antes de cerrar fechas es el calendario del parque temático, porque no abre todos los días del año ni con todas las zonas abiertas, y no es lo mismo caer una semana que otra.
Y un aviso de clima para quien viene del sureste: aquí llueve bastante más que en Murcia, sobre todo en otoño, y un día entero de tormenta en septiembre entra dentro de lo normal. No estropea unas vacaciones, pero desaconseja montar el plan entero al aire libre.
Desde aquí esto es un viaje de coche por el corredor mediterráneo: largo, pero de una tirada y sin complicación, porque se sube por la autovía y no hay que dejarla. Está bastante más lejos que la Costa Blanca y bastante más cerca que Cádiz, y es la distancia justa a la que conviene salir temprano y contar con una parada larga por el camino si van niños detrás.
También se puede hacer en tren, porque el Camp de Tarragona tiene estación de alta velocidad, pero entonces hay que resolver el enlace desde aquí y cómo moverse allí sin coche. Con el parque de por medio, el coche suele ganar; para un fin de semana en Tarragona ciudad, no necesariamente.
En el buscador se ve la disponibilidad y el precio de cada hotel para las fechas concretas y para la ocupación real de cada habitación, con las edades de los niños. Desde la ficha se nos pide la reserva y la confirmamos nosotros por escrito: no es una compra automática.
Lo que aporta hablarlo aquí es el descarte. Con la mitad de la oferta metida en dos municipios, la diferencia entre unas buenas vacaciones y una semana incómoda no está en la categoría del hotel, sino en dónde está exactamente respecto al parque, a la playa y a la parada de autobús. Estamos en la avenida de Europa 50 de Lorca, con cita previa, y en el 679 711 147, también por WhatsApp.
Es el litoral de la provincia de Tarragona, desde Cunit y Calafell por el norte hasta el delta del Ebro y Alcanar por el sur. Los núcleos con más alojamiento son Salou, Cambrils, Tarragona ciudad y La Pineda.
Depende de cómo se piense ir y volver del parque cada día, que es el trayecto que más se repite. Antes de mirar categorías conviene fijar si se quiere volver andando, en coche o en autobús, y comprobar el calendario de apertura del parque para esas fechas: no abre todos los días del año.
Es de las mejores de la península para eso: playas muy anchas, arena fina, pendiente suave y acceso sin escaleras en casi todos los núcleos. La Pineda y Salou son las más cómodas en ese sentido, y Cambrils queda algo más tranquilo.
Junio y septiembre dan el mismo mar con menos gente. La primera quincena de agosto es el momento más lleno del año. Fuera de verano funcionan bien la Semana Santa y los puentes, porque el parque y Tarragona no dependen del baño; en otoño hay que contar con lluvia.
El conjunto romano de Tarragona, que es Patrimonio Mundial de la Unesco, con el anfiteatro sobre el mar, el circo, las murallas y el acueducto de Les Ferreres. Y en el otro extremo, el delta del Ebro, con sus arrozales, sus lagunas y sus playas vacías.
Más de trescientos cincuenta, repartidos por unos veintisiete núcleos de la provincia de Tarragona. La costa no viene agrupada como tal en el catálogo del proveedor: la hemos montado municipio a municipio para que al buscarla salga entera y no en blanco.
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