
Europa
Grecia es de los pocos destinos donde solo hace falta el DNI y se paga en euros, y aun así es donde más gente se equivoca de isla. La elección lo decide casi todo.
La estructura habitual es dos o tres noches en Atenas y el resto en isla. Atenas se ve bien en ese tiempo: la Acrópolis y el Partenón, el Museo de la Acrópolis —que es de los mejores museos que uno puede visitar—, el ágora antigua, los barrios de Plaka y Monastiraki y la subida al Licabeto. A media hora larga de la ciudad está el cabo Sunion con el templo de Poseidón, que es la mejor puesta de sol de la zona.
Desde Atenas se sale a las islas por el puerto del Pireo o por el de Rafina, o en vuelo interno si la isla está lejos. Y aquí hay que elegir archipiélago: las Cícladas (Míkonos, Santorini, Naxos, Paros, Milos), el Dodecaneso (Rodas, Cos, Patmos), Creta, o las Jónicas (Corfú, Zante, Cefalonia), que están al otro lado del país y se combinan peor con Atenas.
Un consejo de logística que ahorra disgustos: no encadenes más de dos islas en una semana. El día que se cambia de isla se pierde entero entre puerto, espera y traslado.
Santorini es el paisaje: la caldera de un volcán, los pueblos blancos colgados del borde, Oía al atardecer. Lo que casi nadie cuenta es que no es una isla de playas —las hay, pero de arena negra y volcánica—, que se sube y se baja mucho, y que en verano el gentío en Oía a la hora de la puesta de sol es considerable. Se va por lo que es, no por bañarse.
Míkonos es ambiente, vida nocturna y playas de verdad, con un casco urbano precioso y muy viento. Naxos y Paros son la opción sensata para familias: playas largas, pueblos habitados todo el año y precios más razonables. Milos es la isla de las calas raras y los paisajes lunares, Sarakiniko el más famoso, y ha pasado de secreto a moda en pocos años.
Creta es prácticamente un país: hace falta coche, y con él se llega a Cnosos, a la garganta de Samaria, a Elafonisi y Balos, a Chaniá y su puerto veneciano. Es la isla con temporada más larga junto con Rodas, que además tiene una ciudad medieval amurallada habitada y Lindos.
Y las Jónicas son otro mundo: verdes, con influencia veneciana, Corfú con su casco histórico Patrimonio de la Humanidad y Zante con la playa del naufragio. Están más cerca de Italia que de Atenas y suelen combinarse con la Grecia continental, no con las Cícladas.
Entre islas se va en ferry —los hay rápidos y convencionales— o en avión. El ferry es barato y da mucha libertad, pero depende del mar, y en las Cícladas en verano sopla el meltemi, un viento del norte que puede cancelar salidas de un día para otro. No es raro ni excepcional: pasa todos los veranos.
Por eso hay una regla que repetimos siempre: nunca pongas el ferry de vuelta a Atenas el mismo día que el vuelo a España. Un día de margen convierte un contratiempo en una anécdota, y sin ese margen te quedas en tierra.
Las dos mejores ventanas son de mayo a junio y de septiembre a principios de octubre: buen tiempo, agua templada, precios más razonables y todo abierto. Julio y agosto son calurosos, están llenos y son los meses de más meltemi.
Lo que hay que saber y casi nunca se dice: muchas islas pequeñas cierran. Entre noviembre y marzo, en buena parte de las Cícladas, la mayoría de hoteles y restaurantes echan la persiana y los ferris reducen frecuencias. Creta, Rodas y Corfú aguantan más y Atenas funciona los doce meses, pero planificar una escapada a Míkonos en enero es planificar un pueblo cerrado.
Un detalle de calendario que sorprende a mucha gente: la Semana Santa ortodoxa no siempre coincide con la española. Cuando cae distinta, se puede viajar en Semana Santa española sin encontrar el país de fiesta; cuando coincide, hay que reservar con mucha antelación porque los griegos también se mueven.
Grecia es Unión Europea y zona euro: basta el DNI en vigor, no hay que cambiar moneda, la tarjeta sanitaria europea cubre la asistencia pública y el móvil funciona sin recargos de itinerancia. Es, con Italia, el destino más sencillo de esta lista en cuanto a papeles, y para un primer viaje al extranjero en familia eso cuenta.
Aun así, el seguro de viaje sigue teniendo sentido: la tarjeta sanitaria europea no cubre repatriación, ni la cancelación, ni la asistencia privada, y en islas pequeñas el centro de salud público es limitado.
En las islas, el coche o la moto se alquilan en el puerto y son casi imprescindibles fuera de los pueblos principales. Ojo con las carreteras estrechas y con que muchos alquileres locales tienen coberturas mínimas: merece la pena leer la letra pequeña antes de firmar.
Atenas se vuela desde varios aeropuertos españoles y desde aquí conviene comparar Alicante con Madrid y Barcelona, porque un enlace por carretera corto puede evitar una escala. En verano suele haber además vuelos directos a algunas islas grandes —Creta, Rodas, Corfú— desde aeropuertos españoles, pero cuáles y desde dónde cambia cada temporada, así que se mira con fechas concretas.
Los circuitos de catálogo que trabajamos salen normalmente de Madrid o de Barcelona. Si vas por libre a las islas, la combinación habitual es volar a Atenas y seguir en ferry o en vuelo interno.
Ocho o nueve días permiten Atenas y una isla con calma, o Atenas y dos islas si están cerca entre sí. Para Creta sola, una semana justa. Evita encadenar tres islas en una semana: cada cambio de isla se come un día entero.
Santorini si vas por el paisaje de la caldera y los pueblos blancos; no es una isla de playa y se sube y baja mucho. Míkonos si buscas playas de verdad, ambiente y vida nocturna. Si quieres las dos cosas con menos gente y menos gasto, mira Naxos, Paros o Milos.
Muchas sí. Entre noviembre y marzo, en buena parte de las Cícladas cierran la mayoría de hoteles y restaurantes y los ferris reducen frecuencias. Creta, Rodas y Corfú mantienen más actividad, y Atenas funciona todo el año.
Prácticamente sí. Creta es muy grande y lo interesante está repartido: sin coche te quedas en la zona del hotel. En islas pequeñas como Naxos o Milos también compensa, aunque ahí una moto o un coche pequeño de alquiler durante dos o tres días puede ser suficiente.
El DNI en vigor es suficiente por ser país de la Unión Europea, y se paga en euros. Conviene llevar la tarjeta sanitaria europea, que cubre la asistencia pública pero no la repatriación ni la asistencia privada: para eso está el seguro de viaje.
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