
Europa
Italia no se ve en un viaje y el error más común es intentarlo. Se elige una zona, se hace bien, y se vuelve: es de los pocos destinos donde volver es parte del plan.
Las combinaciones que funcionan son pocas y están probadas. Roma sola, con cuatro o cinco noches, da para el Coliseo y el foro, el Vaticano, el Panteón, Trastevere y aún queda cosa fuera. El triángulo clásico —Roma, Florencia y Venecia— se hace en tren y es un viaje redondo de una semana larga, aunque exige aceptar que en cada ciudad se ve lo principal y poco más.
El sur es otro viaje: Nápoles con Pompeya y Herculano al lado, la costa Amalfitana, Capri y el Vesubio. La Toscana pide coche y pueblos: Siena, San Gimignano, Val d'Orcia. Los lagos del norte —Como, Garda, Maggiore— son la Italia de villas y jardines, y las Dolomitas son montaña de primer nivel, para caminar en verano y esquiar en invierno. Y Puglia, con Alberobello, Lecce y las playas del Salento, es lo que la gente descubre en el segundo o tercer viaje.
En circuitos, nuestro catálogo cubre Italia sobre todo a través de Sicilia, y también hay recorridos que entran por el nordeste hacia Eslovenia e Istria. Para el resto del país, lo que trabajamos son hoteles: hay inventario en prácticamente todas las ciudades italianas, y muchos viajes se arman como vuelo más hotel más lo que quieras añadir.
Es la parte de Italia que más entra en nuestros circuitos, y no es casualidad: se recorre bien en una semana y tiene una densidad de cosas asombrosa. Palermo y sus mercados, Monreale, Cefalù, Taormina asomada al mar con el Etna al fondo, Siracusa y la isla de Ortigia, el barroco de Noto, Ragusa y Módica, y el Valle de los Templos de Agrigento, que es griego y anterior a casi todo lo demás.
El Etna se sube en excursión y depende de la actividad volcánica del momento y del tiempo. Y la cocina siciliana —el pescado, los cítricos, el cannolo, la granita de desayuno— es motivo de viaje por derecho propio.
La mejor época es primavera y otoño. En agosto hace mucho calor, la isla se llena de italianos de vacaciones y los precios de la costa se disparan.
Entre ciudades grandes el tren es imbatible: los trenes de alta velocidad unen Milán, Venecia, Florencia, Roma y Nápoles en tiempos muy competitivos, y comprando con antelación salen mucho mejor de precio. Para el triángulo clásico no hace falta coche para nada.
El coche es imprescindible en Toscana, Puglia, Sicilia, Cerdeña y las Dolomitas, donde lo bueno está entre pueblos. Pero hay que conocer una cosa que arruina muchos viajes: las ZTL, zonas de tráfico limitado. Los centros históricos italianos están cerrados al tráfico y controlados por cámara, y entrar sin autorización supone una multa que llega a casa meses después, una por cada vez que se cruza el arco. Si tu hotel está dentro de una ZTL, tiene que registrar tu matrícula. Pregúntalo siempre antes de llegar.
Otro detalle: buena parte de los alquileres en Italia son de cambio manual y los automáticos escasean y se agotan; si lo necesitas, se reserva con tiempo.
Las mejores ventanas son de abril a junio y de septiembre a octubre: buen tiempo, ciudades transitables y todo abierto. Julio y agosto son calurosos de verdad en las ciudades del interior, y en agosto ocurre algo que sorprende a los que no lo saben: los italianos se van de vacaciones, y alrededor del quince de agosto, el Ferragosto, muchos comercios y restaurantes de las ciudades cierran mientras la costa está a rebosar.
El invierno es una época excelente para las ciudades de arte: hace frío pero no hay colas, los museos se disfrutan y los precios bajan. En cambio los lagos y las zonas de playa cierran buena parte de su oferta. Y la Semana Santa en Roma es de las semanas más llenas del año, por razones evidentes.
Italia es el destino europeo donde peor sienta improvisar. Los Museos Vaticanos y el Coliseo con acceso a los subterráneos, la Galería Uffizi y la Academia de Florencia —donde está el David— y sobre todo la Última Cena de Leonardo en Milán, que admite un número muy reducido de visitantes por franja y se agota con meses de antelación, exigen entrada con hora.
Pompeya, las Cinque Terre en temporada alta y algunas rutas de las Dolomitas también funcionan mejor con reserva previa. Si nos dices qué te interesa cuando montamos el viaje, se organiza el orden de las ciudades en función de lo que se pueda conseguir, que es al revés de como lo hace casi todo el mundo.
Italia es Unión Europea y zona euro: basta el DNI, no hay cambio de moneda, la tarjeta sanitaria europea cubre la asistencia pública y el móvil funciona sin recargos. Es el destino más cómodo de esta lista en cuanto a trámites.
El detalle que pilla a todo el mundo por sorpresa es la tasa de estancia, la tassa di soggiorno: es un impuesto municipal por persona y noche que no viene incluido en el precio de la reserva y que se paga en el propio hotel, muchas veces en efectivo. Varía según la ciudad y la categoría del establecimiento. No es mucho dinero, pero conviene saberlo para no llevarse el chasco en el mostrador.
Italia es uno de los pocos destinos de esta lista donde tiene todo el sentido mirar primero los aeropuertos de casa. Es un vuelo corto y hay conexión directa desde Alicante-Elche a varias ciudades italianas, además de la oferta de Corvera y, por supuesto, la de Madrid y Barcelona. Qué rutas hay y en qué meses cambia por temporadas, así que lo comparamos con tus fechas delante.
Es también, por eso mismo, el destino perfecto para un puente largo: con cuatro días se hace Roma o Milán y los lagos sin sensación de carrera.
Cuatro o cinco noches para ver lo principal con calma: Coliseo y foro, Vaticano, Panteón, las plazas y Trastevere. Con tres se ve, pero corriendo. Y todavía quedará cosa fuera, que es exactamente la razón por la que la gente vuelve.
Es una zona de tráfico limitado en el centro histórico de la mayoría de ciudades italianas, controlada por cámaras. Entrar sin autorización supone una multa por cada paso, que llega a casa meses después. Si tu hotel está dentro, tiene que registrar tu matrícula: pregúntalo siempre al reservar.
Tren entre ciudades grandes: Milán, Venecia, Florencia, Roma y Nápoles están unidas por alta velocidad y comprando con antelación sale muy a cuenta. Coche para Toscana, Puglia, Sicilia, Cerdeña y las Dolomitas, donde lo interesante está repartido entre pueblos.
Un impuesto municipal por persona y noche que no viene incluido en el precio del alojamiento y que se abona directamente en el hotel, con frecuencia en efectivo. Cambia según la ciudad y la categoría. No es una cantidad grande, pero conviene contar con ella.
Primavera y otoño, de abril a junio y de septiembre a octubre. En agosto hace mucho calor, la isla se llena de turismo interno italiano y la costa se satura. En invierno el interior y las ciudades barrocas se disfrutan bien, aunque parte de la oferta de playa está cerrada.
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