
Islas exóticas
En Maldivas no eliges un hotel: eliges una isla entera, porque casi siempre son la misma cosa. Y lo que más condiciona el viaje no es la villa, es cómo se llega hasta ella.
Hay dos maneras muy distintas de estar en Maldivas. La primera es el resort de isla privada: un solo establecimiento ocupa una isla completa, con su playa alrededor, su arrecife y sus restaurantes, y no hay nada más. Es el modelo de la foto y funciona exactamente como promete: aislamiento total.
La segunda son las islas locales —Maafushi, Thoddoo, Dhigurah, Rasdhoo y bastantes más—, donde vive gente y hay pensiones y hotelitos. Es una fórmula mucho más asequible y bastante más interesante desde el punto de vista humano, pero cambian las reglas: es un país musulmán, en las playas públicas se va vestido y hay zonas concretas habilitadas para bañarse en bañador, y no se sirve alcohol. La mayoría de las excursiones —snorkel, bancos de arena, avistamiento— se contratan allí y funcionan bien.
Y luego está Hulhumalé, junto al aeropuerto de Malé, que no es destino sino solución: cuando el vuelo llega de madrugada o sale muy pronto, una noche allí evita perder un día entero de resort.
Esta es la parte que nadie mira en las fotos y la que más disgustos da. Al resort se llega de tres maneras. En lancha rápida, si está en los atolones cercanos a Malé: es lo más flexible y funciona a casi cualquier hora. En vuelo interno más lancha, para los atolones lejanos: encadena dos transportes y hay que cuadrar horarios. O en hidroavión, que es espectacular y solo opera con luz de día, lo que significa que si tu vuelo llega por la tarde puedes acabar durmiendo una noche cerca del aeropuerto antes de volar a la isla.
El hidroavión además tiene límites de equipaje más estrictos que el vuelo internacional. Nada de esto es un problema si se sabe de antemano; el problema es enterarse el día de la llegada. Cuando preparamos un viaje a Maldivas, el traslado se decide a la vez que el hotel, no después.
La temperatura es prácticamente la misma los doce meses, en torno a los treinta grados de día, y el agua está templada siempre. Lo que marca la diferencia son los dos monzones: el del noreste, de noviembre a abril, más seco y con el mar más plano, que es la temporada alta; y el del suroeste, de mayo a octubre, con más viento, más nubes y chubascos, que suelen ser fuertes pero cortos.
Viajar en la estación húmeda no es mala idea si te importa más el descanso que la postal perfecta, pero conviene ir avisado. Y si te interesa la fauna, hay una cita concreta: la bahía de Hanifaru, en el atolón de Baa —reserva de la biosfera de la Unesco—, donde se concentran mantas y tiburones ballena aproximadamente entre junio y noviembre, en la estación que muchos descartan.
En una isla donde no hay más establecimiento que el tuyo, el régimen de comidas no es un detalle: es todo. Media pensión te deja fuera las comidas y las bebidas, y en Maldivas todo se importa. Pensión completa y todo incluido se pagan más caros de entrada pero eliminan sorpresas. La decisión honesta es hacer la cuenta de lo que se va a comer y beber de verdad, y no dejarla para el mostrador del resort.
Sobre la villa: la de playa tiene arena a la puerta y sombra; la que está sobre el agua tiene la escalera al mar y más intimidad, pero suele estar más expuesta al sol, sin sombra natural, y no siempre tiene acceso cómodo al arrecife. Muchas parejas parten la estancia: unas noches en cada una. La orientación también importa —amanecer o atardecer— y es de esas cosas que solo se preguntan si alguien te avisa.
Y ojo con dos partidas que casi nunca vienen en el precio anunciado: la tasa medioambiental que se paga en destino por persona y noche, y el cargo por servicio de los resorts.
Es el uso principal del destino y no hay que disimularlo. Lo que sí conviene decir es que la mayoría de los resorts tienen detalles y atenciones para lunas de miel que hay que pedir al reservar y acreditar en destino, y que hay establecimientos solo para adultos y otros claramente familiares. Son ambientes muy distintos y en una isla de la que no puedes salir, equivocarse se nota mucho.
Maldivas combina bien con una escala de dos o tres noches en Dubái o en otro punto del Golfo, que es por donde pasa el vuelo de todas maneras. Sale un viaje más completo y descansa el trayecto.
El visado de turista se concede gratuitamente a la llegada y no hay que gestionar nada antes en ese sentido. Sí hace falta pasaporte en vigor con la vigencia que se exija en ese momento —ha cambiado en los últimos años—, billete de salida y reserva de alojamiento confirmada. Además se rellena en línea un formulario de llegada en los días previos al viaje. Lo comprobamos contigo antes de salir y puedes consultar las recomendaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores.
No hay vuelo directo desde España. Se sale de Madrid o de Barcelona y se hace escala en un centro de conexión del Golfo o en Estambul antes de llegar a Malé. Contando el enlace desde Lorca hasta el aeropuerto de salida, la escala y el traslado interno hasta la isla, el día de viaje es largo de verdad: merece la pena elegir horarios pensando en llegar con luz.
En los resorts de isla privada sí, con normalidad. En las islas locales no: es un país musulmán y no se sirve alcohol fuera de los establecimientos turísticos. Es una de las diferencias importantes entre alojarse en un resort y hacerlo en una pensión de isla local.
Sí, hay resorts claramente familiares con club infantil y villas de dos habitaciones. Lo que hay que mirar es que el establecimiento no sea solo para adultos, y tener en cuenta el traslado: el hidroavión y los vuelos internos alargan bastante el día de llegada con niños pequeños.
La villa sobre el agua da más intimidad y acceso directo al mar por la escalera, pero no tiene sombra natural y el fondo no siempre es cómodo para bañarse. La de playa tiene arena y sombra a la puerta. Muchas parejas reparten la estancia entre las dos, y suele ser la mejor decisión.
De noviembre a abril, que es la estación seca y con el mar más tranquilo. De mayo a octubre hay más viento y chubascos, normalmente cortos. Si te interesa ver mantas y tiburones ballena en la bahía de Hanifaru, en el atolón de Baa, la ventana va aproximadamente de junio a noviembre.
Sí, y es una combinación muy natural porque el vuelo suele hacer escala en el Golfo de todas formas. Dos o tres noches en Dubái antes o después parten el trayecto y añaden una ciudad completamente distinta al viaje.
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