Qué entra de verdad en el precio
Dos hoteles pueden vender «todo incluido» y no incluir ni de lejos lo mismo. Aquí está lo que hay que mirar para que la factura del final no sorprenda a nadie.
En la ficha de un hotel el régimen es el dato que más dinero mueve y el que menos gente lee. Hay cinco, y van de menos a más: solo alojamiento; alojamiento y desayuno; media pensión —desayuno y una comida—; pensión completa —desayuno, comida y cena, normalmente sin bebidas—; y todo incluido, que añade las bebidas y, según el hotel, unas cuantas cosas más.
Lo importante es lo que viene ahora: «todo incluido» no es una norma, es un nombre comercial. No hay ninguna definición legal que obligue a un hotel a incluir X o Y para poder usar esa etiqueta. Por eso dos hoteles de la misma categoría, en la misma playa y con el mismo rótulo pueden dar servicios muy distintos por el mismo dinero.
Aunque el hotel sea impecable, hay una lista que se paga aparte en casi todos los casos: las excursiones, las propinas donde son costumbre, el seguro de viaje, el alquiler de coche, lo que se coma o se beba fuera del recinto y las tasas de pago directo en destino —esa tasa turística o de resort que se cobra en recepción—. En esta web, cuando el alojamiento cobra tasas de pago directo, se indican por separado y no se meten dentro del total como si fueran nuestras: es la única manera de que el precio que se ve sea el precio que se compara.
Compensa mucho a las familias con niños, porque elimina la negociación diaria de dónde y cuándo se come, y porque un adolescente con sed es un gasto imprevisible. Compensa en destinos de playa donde fuera del hotel hay poco —buena parte del Caribe, el Mar Rojo, algunas zonas de Turquía— y en países donde comer fuera es caro. Compensa a quien va a descansar diez días sin moverse, y se pide mucho para un viaje de novios de playa, donde la gracia es precisamente no tener que decidir nada durante diez días.
No compensa a quien va a estar fuera todo el día, ni a quien viaja para comer en el sitio donde ha viajado. En un circuito es directamente incompatible: se duerme cada noche en una ciudad. Y en un destino con buena calle —la Riviera Maya, Nápoles, Estambul— pagar por adelantado todas las comidas es pagarlas dos veces.
El régimen está muy extendido en el Caribe — República Dominicana —con Punta Cana a la cabeza— y México, con la Riviera Maya—, en el Mar Rojo de Egipto, en la costa de Turquía, en Túnez, en Cabo Verde, en las islas de Grecia y, sin salir de casa, en Canarias y Baleares, que para una familia de la Región de Murcia suele ser la primera prueba antes de cruzar el charco.
El buscador de hoteles y el de vacaciones enseñan la tarifa concreta con su régimen y sus condiciones de cancelación antes de pedir ningún dato. Lo que sale de ahí es una solicitud, no una reserva en firme: la agencia confirma precio y disponibilidad con el proveedor y manda la confirmación con el desglose.
Si está dudando entre dos hoteles, mándenos los dos nombres por WhatsApp o al 679 711 147 y le decimos en qué se diferencian sus dos «todo incluido». Es una consulta de cinco minutos y se ahorra un disgusto de diez días.
Que no haya sorpresas
Díganos el hotel que está mirando y le decimos qué cubre su todo incluido, qué se paga aparte y si hay tasas en destino.