
África
Marruecos está a un paso y se parece muy poco a lo que hay a este lado. Es el viaje con más cambio por menos horas de avión que se puede hacer desde aquí.
Son cuatro y han sido capital en algún momento de la historia del país. Marrakech es la más visitada: la plaza de Jemaa el-Fna al caer la tarde, la Koutubía, el palacio de la Bahía, las tumbas saadíes y el jardín Majorelle. Es también la más comercial y la más intensa; se disfruta más con dos noches que con una.
Fez es la que emociona a quien busca autenticidad. Su medina, Fes el-Bali, es uno de los cascos medievales más grandes y mejor conservados del mundo y es literalmente un laberinto: hay que entrar con guía oficial la primera vez, no por miedo sino porque no hay manera de orientarse. Las curtidurías de Chouara son la imagen que todo el mundo conoce.
Meknés es más tranquila y tiene al lado Volubilis, la ciudad romana mejor conservada del norte de África, y Mulay Idrís. Rabat es la capital administrativa, con la torre Hassan y la kasbah de los Udayas. Y Casablanca, aunque no sea imperial, casi siempre entra en el recorrido por la mezquita Hassan II, que se levanta sobre el Atlántico y es de las pocas de Marruecos que se pueden visitar por dentro sin ser musulmán.
Hay dos desiertos habituales y no son iguales. Merzouga, junto al Erg Chebbi, tiene las dunas altas de postal; está lejos de Marrakech y el trayecto exige dos días de carretera con noche intermedia. Zagora y el Erg Chigaga quedan más cerca, pero las dunas son más modestas.
El camino es la mitad del viaje: se cruza el Alto Atlas por el puerto de Tizi n'Tichka, se pasa por Ait Ben Haddou —el ksar de tierra que ha salido en media docena de películas—, por Ouarzazate y sus estudios de cine, y por las gargantas del Todra y del Dades. Se duerme en jaima o en campamento y de madrugada hace frío de verdad, incluso en primavera.
Lo decimos siempre porque es lo que más se subestima: son muchas horas de furgoneta. Quien lo sabe de antemano disfruta del paisaje; quien no, cuenta las curvas.
Tánger es la puerta y ha cambiado mucho en la última década, con su medina, la kasbah y las cuevas de Hércules al lado. Chefchaouen, en el Rif, es el pueblo azul, y su fama en las redes no le ha quitado encanto porque sigue siendo un pueblo de montaña. Tetuán tiene medina Patrimonio de la Humanidad y una huella española evidente, y Asilah es un pueblo blanco con murallas frente al Atlántico.
En la costa, Essaouira es viento, murallas portuguesas, gaviotas y pescado a la brasa en el puerto: encaja muy bien como escapada de dos días desde Marrakech. Y Agadir es la Marruecos de vacaciones de playa y hotel, reconstruida tras el terremoto de 1960 y sin casco antiguo, con una playa enorme y buen clima casi todo el año.
Primavera —de marzo a mayo— y otoño —de septiembre a noviembre— son claramente las mejores épocas. En verano el interior es durísimo: Marrakech y el desierto pasan de largo los cuarenta grados y las visitas se hacen imposibles a mediodía. La costa atlántica, en cambio, es fresca en verano gracias al viento y a la corriente.
En invierno hace un tiempo agradable de día en Marrakech, pero las noches del desierto y del Atlas son muy frías y en la montaña nieva. Si vas en esa época, mete abrigo aunque el pronóstico diga veinte grados a mediodía.
Como en Egipto, conviene mirar si tus fechas caen en Ramadán, que se adelanta unos once días cada año. No impide viajar y muchos lo encuentran una experiencia interesante, pero cambian horarios de restaurantes y ritmos, y la fiesta del final llena las carreteras.
Hace falta pasaporte en vigor con margen amplio de validez; los españoles no necesitan visado para estancias turísticas. Consulta las recomendaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores antes de salir, que además informan sobre las zonas del sur que desaconsejan.
La moneda es el dírham y es una moneda cerrada: no se puede sacar ni meter libremente del país en cantidad, así que no la vas a encontrar en una casa de cambio de aquí. Se cambia al llegar —en el aeropuerto, en un banco o en un cajero— y conviene gastar o cambiar lo que sobre antes de volver. La tarjeta funciona en hoteles y comercios grandes, pero en zocos, taxis y pueblos manda el efectivo.
Sobre el trato: el regateo es la forma normal de comprar en el zoco y se hace con calma. En las medinas, contrata guía oficial y no aceptes al que se ofrece en la calle a llevarte a un sitio mejor, porque siempre termina en una tienda. Vestir con hombros y rodillas cubiertos evita incomodidades, especialmente en zonas rurales. El alcohol se sirve en hoteles y locales con licencia, no de forma general. Y el agua, embotellada.
Marrakech, Fez y Tánger se vuelan desde varios aeropuertos españoles, y desde aquí lo lógico es comparar Alicante con Madrid; qué compañías operan y desde dónde cambia por temporadas, así que se mira con fechas en la mano. Los circuitos de catálogo que trabajamos salen normalmente de Madrid o Barcelona.
Hay una alternativa que a veces compensa y que casi nadie contempla: ir en barco. Desde Almería y desde Motril salen ferris hacia el norte de Marruecos, y desde Algeciras y Tarifa hacia Tánger. Si quieres llevar tu propio coche o vas en grupo con mucho equipaje, la cuenta puede salir a favor. No es la opción habitual, pero está ahí.
No para estancias turísticas siendo español, pero sí pasaporte en vigor con margen amplio de validez; el DNI no sirve. Conviene consultar las recomendaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores antes de salir. Te lo confirmamos al cerrar el viaje.
En Marruecos. El dírham es una moneda cerrada y no se comercia libremente fuera del país, así que no lo vas a encontrar en una casa de cambio española. Se cambia al llegar y conviene gastar o volver a cambiar lo que sobre antes de regresar.
Mejor embotellada, también para lavarse los dientes fuera de hoteles. Evita el hielo y las ensaladas en establecimientos de los que no te fíes. Con eso, la comida marroquí es de las más agradecidas que hay y no suele dar ningún problema.
Desde Marrakech hasta Merzouga hacen falta tres días como mínimo: dos de ida con noche intermedia y la vuelta. Hacerlo en menos significa pasar el viaje entero dentro de la furgoneta. Si solo tienes un par de días, Zagora queda más cerca aunque las dunas son más pequeñas.
Sí, y por una razón práctica: está cerca, el vuelo es corto y en muchas zonas del norte se habla español. El choque cultural es real pero se lleva bien con un buen guía en las medinas y sabiendo de antemano cómo funcionan el regateo y el trato en la calle.
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