
África
Cabo Verde es playa de invierno a cuatro o cinco horas de vuelo, sin cambio de horario que valga la pena mencionar. La única decisión importante es la isla, porque no se parecen entre sí.
Sal es la isla del turismo de playa: Santa María concentra la mayor parte de los hoteles, tiene una playa larguísima y un pueblo por el que se puede salir a pasear y a cenar, cosa que en este archipiélago no es evidente. Es plana, seca y ventosa, y por eso es también un sitio serio para el windsurf y el kitesurf.
Boa Vista es más grande, más vacía y más espectacular en cuanto a arena: dunas, playas kilométricas y desierto. La diferencia de fondo con Sal es que aquí prácticamente no hay nada fuera de los hoteles, así que casi toda la oferta es de todo incluido y se sale poco. Entre julio y octubre llegan las tortugas bobas a desovar, y hay salidas organizadas para verlas con control.
Las demás islas son otro viaje. Santiago tiene la capital, Praia, y Cidade Velha, el primer asentamiento europeo en el trópico y Patrimonio de la Humanidad; es la más africana y la más poblada. São Vicente tiene Mindelo, la ciudad de la música y del carnaval, y desde su puerto sale el ferry a Santo Antão, que es donde va la gente a caminar: valles verdes, cultivos en bancales y una carretera de montaña que es en sí misma una excursión. Fogo tiene un volcán activo con un pueblo dentro del cráter y un vino que se cultiva sobre la ceniza.
Es probablemente el destino más estable de esta lista: sol casi todo el año y temperaturas entre los veinticuatro y los treinta grados, sin estación fría. La época seca va aproximadamente de noviembre a julio; entre agosto y octubre caen lluvias cortas e irregulares y sube algo la humedad.
El viento es el otro factor: sopla con fuerza sobre todo entre diciembre y marzo, lo que es una bendición para el kitesurf y una molestia para quien quiera tumbarse tranquilo en la arena. En Sal y Boa Vista se nota más que en las islas montañosas.
Y un detalle honesto que casi nadie avisa: el agua está más fresca de lo que se espera para la latitud, porque por aquí pasa una corriente atlántica fría. No es agua de Caribe.
No es una moda comercial, es geografía. En Boa Vista, y en buena parte de Sal fuera de Santa María, no hay apenas restaurantes ni comercios alrededor de los hoteles, así que el régimen de todo incluido es lo que tiene sentido. Si te gusta salir a comer por tu cuenta, Santa María es la única zona de playa donde eso funciona con normalidad.
Si lo que buscas es conocer el país y no solo la playa, entonces el planteamiento cambia: se va a Santiago, a São Vicente y a Santo Antão, con alojamiento pequeño y comida local, y el todo incluido no pinta nada.
Hace falta pasaporte en vigor con margen amplio de validez. Desde hace unos años los ciudadanos de la Unión Europea no necesitan visado para estancias cortas de turismo, pero sí hay que abonar una tasa aeroportuaria que se tramita en línea antes de viajar. Como las condiciones cambian, se comprueba cerca de la fecha y se consultan las recomendaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores; nosotros lo revisamos contigo al cerrar el viaje.
La moneda es el escudo caboverdiano, que está ligado al euro con un tipo fijo, así que las cuentas salen fáciles; el euro se acepta en muchos sitios turísticos. La tarjeta funciona en hoteles, menos fuera de ellos: conviene llevar efectivo si sales del resort.
No hay vacunas obligatorias viniendo de España, pero el repelente de mosquitos es más útil aquí de lo que la gente supone, y el sol pega fortísimo con el viento engañando: protección alta y gorra. Agua embotellada.
Sal y Boa Vista tienen aeropuerto internacional y reciben vuelos de temporada desde varios puntos de Europa; desde España lo habitual es salir de Madrid o Barcelona, o conectar vía Lisboa, que es la ruta más frecuente. Desde Lorca hay que contar con el enlace hasta el aeropuerto de salida.
Entre islas hay vuelos internos cortos y algunas líneas de ferry, pero los horarios y las frecuencias cambian con bastante facilidad. Combinar dos islas es perfectamente posible y sale un viaje mucho más rico, pero se planifica con margen y sin poner conexiones justas: es de esos sitios donde dejar un día de colchón antes del vuelo de vuelta no es exceso de prudencia.
Sal si quieres playa con un pueblo alrededor donde salir a cenar y deportes de viento. Boa Vista si buscas arena inmensa y desconexión total en régimen de todo incluido. Santiago, São Vicente y Santo Antão si lo que te interesa es el país, la música y caminar por la montaña.
Los ciudadanos de la Unión Europea no necesitan visado para estancias turísticas cortas, pero sí pasaporte en vigor y el pago de una tasa aeroportuaria que se tramita en línea antes de viajar. Las condiciones cambian, así que lo comprobamos contigo antes de salir.
Sí, con vuelos internos cortos o con ferry en el caso de São Vicente y Santo Antão. Lo que hay que hacer es dejar margen: los horarios y las frecuencias cambian con facilidad y no conviene encadenar una conexión justa con el vuelo internacional de vuelta.
La temporada de desove de la tortuga boba va aproximadamente de julio a octubre. Se observa en salidas organizadas y con control, porque son animales protegidos y las playas de anidación están vigiladas. No es una actividad que se improvise por libre.
Menos de lo que la gente espera. Por el archipiélago pasa una corriente atlántica fría, así que el agua está fresca aunque el aire ronde los veintiocho grados. Es un destino de sol garantizado, no de mar templado como el Caribe.
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