
Asia
Dubái funciona como escapada de cuatro días, como viaje familiar de una semana y como escala de camino a Asia. Lo que no funciona es ir en pleno verano sin saber lo que hay.
La ciudad moderna es la conocida: el Burj Khalifa y su mirador, el Dubai Mall y la fuente, la Marina con sus rascacielos y el paseo de JBR, la Palmera de Jumeirah con sus resorts, el Burj Al Arab y el Madinat Jumeirah. Es espectacular, está impecablemente organizado y se recorre bien.
Lo que mucha gente se salta es la ciudad vieja, y es un error. Al norte, a orillas del Creek, están Deira y Bur Dubai: el zoco del oro y el de las especias, el barrio histórico de Al Fahidi con sus torres de viento, y las abras, esas barcazas de madera que cruzan el canal por unos céntimos y son el paseo más barato y más bonito de la ciudad. Ahí se entiende que esto fue un puerto de pescadores y perleros antes de ser esto.
Con tres o cuatro noches se ve la ciudad sin prisa. Una semana da para Dubái, Abu Dabi y un par de días de resort de playa.
Si vas por la ciudad y por las visitas, la zona de Downtown —junto al Burj Khalifa— es la más cómoda: está en la línea de metro y tienes todo a mano. Si vas por la playa, la Marina y JBR combinan las dos cosas, con arena, paseo marítimo, restaurantes y metro cerca. Si vas por el resort, la Palmera es donde están los hoteles grandes con playa privada, pero es un sitio del que hay que salir en taxi para casi todo.
Un dato práctico que ahorra bastante dinero: el metro cubre bien el eje de la avenida Sheikh Zayed y llega al aeropuerto, pero no llega a la Palmera ni entra en la ciudad vieja con comodidad. Los taxis son abundantes y no son caros para el nivel de la ciudad, y hay tranvía en la zona de la Marina.
La excursión clásica es el safari por el desierto: dunas en cuatro por cuatro, puesta de sol y cena en campamento. Es turística sin disimulo y aun así funciona, sobre todo con niños y adolescentes. Quien se marea con facilidad debe pedir la versión sin dunas.
Abu Dabi se hace en el día y merece la pena por dos motivos: la Gran Mezquita Sheikh Zayed, que es de una belleza difícil de exagerar y se visita con normas de vestimenta estrictas, y el Louvre Abu Dhabi con su cúpula. En la isla de Yas están además Ferrari World y los parques temáticos.
Para familias, Dubái tiene mucha oferta bajo techo, que en esta ciudad no es un detalle sino la clave: acuarios, parques acuáticos, pistas de esquí cubiertas y centros comerciales que son destinos en sí mismos. Y de octubre a abril funciona Global Village, que es un recinto enorme de pabellones por países y da para una tarde entera.
La temporada es clara: de noviembre a marzo. Temperaturas agradables, se puede estar en la calle, en la playa y en las terrazas. Abril y octubre son meses bisagra, todavía llevaderos.
De mayo a septiembre el calor y la humedad son extremos, con temperaturas que superan con holgura los cuarenta grados y noches que no refrescan. La ciudad está preparada —todo está climatizado— pero la vida se hace dentro de los edificios, y estar en la playa a mediodía en agosto no es agradable ni recomendable.
Conviene mirar también si tus fechas caen en Ramadán, que se adelanta unos once días cada año: durante ese mes no se come, ni se bebe, ni se fuma en público durante las horas de luz, y muchos restaurantes ajustan horarios. Se puede viajar perfectamente, pero hay que saberlo.
Dubái es una ciudad cómoda y muy segura, pero tiene reglas que no son las de aquí y que se aplican en serio. El alcohol se consume en hoteles y locales con licencia, no en la calle ni en la playa, y la embriaguez en público es sancionable. Las muestras de afecto en público están mal vistas y pueden dar problemas. En centros comerciales y lugares públicos se pide una vestimenta razonablemente discreta, aunque en la playa del hotel el bañador es normal.
Hay un punto que casi nadie mira y que da los sustos de verdad: los medicamentos. Algunos principios activos que aquí se venden con receta normal están controlados en Emiratos y entrar con ellos sin la receta puede acabar mal. Si llevas medicación habitual, viaja con el informe médico y la receta.
Y en la carretera, tolerancia cero con el alcohol y multas altas. Ninguna de estas cosas debe echar atrás a nadie: solo hay que saberlas antes de subir al avión.
Los españoles entran sin visado previo por turismo; en el control se autoriza la estancia. Hace falta pasaporte con un margen amplio de validez. Como siempre, se comprueba antes de salir y se consultan las recomendaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores.
La moneda es el dírham de Emiratos, y la tarjeta se acepta en todas partes. Hay devolución de impuestos para turistas en compras que superen ciertos importes, con el trámite en el propio aeropuerto: si vas a comprar, guarda los tiques. Las propinas no son obligatorias porque muchos establecimientos ya cargan un porcentaje por servicio.
Se vuela desde Madrid y desde Barcelona con enlaces directos, y también con escala vía Estambul u otros puntos. Desde Lorca hay que contar con el enlace hasta el aeropuerto de salida. Y hay un uso de Dubái que es el más inteligente de todos: como escala de dos o tres noches de camino a Maldivas o a Asia, aprovechando que el vuelo pasa por allí de todas maneras.
Tres o cuatro noches bastan para la ciudad con calma, incluyendo la ciudad vieja y el safari por el desierto. Una semana da para añadir Abu Dabi y unos días de playa. Como escala camino de Asia o de Maldivas, dos noches ya merecen la pena.
De noviembre a marzo, sin duda. De mayo a septiembre el calor y la humedad son extremos y la vida transcurre dentro de edificios climatizados. Abril y octubre son meses de transición todavía llevaderos.
Sí, en hoteles y establecimientos con licencia. No se puede consumir en la calle ni en la playa, y la embriaguez en público está sancionada. Es una de esas normas que conviene conocer antes de llegar, porque se aplican con seriedad.
Muy bueno, sobre todo entre noviembre y marzo. Hay parques acuáticos, acuarios, parques temáticos en Yas Island y muchísima oferta bajo techo, que en esta ciudad es lo que salva los días de más calor. Los hoteles están acostumbrados a familias y las distancias se resuelven en taxi.
Sí, y es la combinación más natural que existe, porque el vuelo a Maldivas suele hacer escala en el Golfo de todas formas. Dos o tres noches de ciudad antes o después de la isla parten el viaje y dan dos experiencias completamente distintas.
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