
América
Casi todo el mundo llega a República Dominicana por Punta Cana y no sale del hotel. El país da para bastante más, y buena parte de ello se puede encajar en el mismo viaje sin complicarse.
Santo Domingo es la capital y la ciudad europea más antigua de América. Su Ciudad Colonial es Patrimonio de la Humanidad desde 1990 y se recorre andando: la Catedral Primada, el Alcázar de Colón, la Fortaleza Ozama y un enjambre de calles estrechas con patios, cafés y museos. Con dos o tres noches se ve bien y se cena estupendamente.
Samaná es una península al noreste, verde y con playas que todavía parecen de nadie: Las Terrenas, playa Rincón, el salto de El Limón, los manglares y mogotes del Parque Nacional Los Haitises y el cayo Levantado. Entre enero y marzo llegan a su bahía las ballenas jorobadas, y verlas es una de esas cosas que cambian un viaje.
Puerto Plata y la costa norte son otro mundo: Cabarete es un sitio serio para el kitesurf y el windsurf por el viento que entra por la tarde, Sosúa tiene bahía resguardada y hay teleférico hasta el monte Isabel de Torres. Al sureste, La Romana y Bayahíbe son el embarcadero natural a la Isla Saona y quedan cerca de Altos de Chavón. Y al suroeste, Barahona y Pedernales son la parte salvaje: Bahía de las Águilas, el lago Enriquillo y muy pocos hoteles. Ahí se va con vehículo alto y con ganas.
La fórmula que mejor funciona, y la que repiten los circuitos que trabajamos, es unas noches en Santo Domingo y el resto en playa, sea Punta Cana o Samaná. Es un país de tamaño manejable y las carreteras principales están bien: la autopista del Coral une Santo Domingo con la costa este, y a Samaná se llega por autovía. Un traslado por tierra entre las dos zonas es media jornada, no un día perdido.
Si vas a moverte mucho, hay vuelos internos y avionetas entre las principales zonas turísticas, y alquilar coche es posible aunque el estilo de conducción local pide paciencia y es mejor no conducir de noche fuera de las autopistas. Para la mayoría de los viajes que preparamos, traslados privados o excursiones organizadas salen más a cuenta en tiempo y en tranquilidad.
Es un país tropical sin invierno: se viaja los doce meses y la temperatura apenas se mueve. La ventana más cómoda va de diciembre a abril, más seca y con menos bochorno. De mayo a noviembre llueve más, normalmente en chaparrones cortos, y es la temporada oficial de huracanes del Atlántico, con el pico entre agosto y octubre.
Hay dos citas que condicionan fechas si te interesan: las ballenas de Samaná, aproximadamente de enero a marzo, y el carnaval, que se celebra a lo largo de febrero con su día grande a final de mes en La Vega y en Santo Domingo. Ninguna de las dos se improvisa: el alojamiento en Samaná en temporada de ballenas se llena con antelación.
Para turismo no hace falta visado siendo español, pero sí pasaporte en vigor con margen, billete de vuelta y dirección de alojamiento; la estancia turística está limitada en días. En los últimos años ha habido además un formulario electrónico de entrada y salida. Todo esto cambia con cierta frecuencia, así que se comprueba cerca de la fecha y se consultan las recomendaciones del Ministerio de Asuntos Exteriores.
La moneda es el peso dominicano, aunque en zona turística el dólar circula sin problema y la tarjeta se acepta con normalidad. El idioma es el español, lo que para un viaje de nueve horas de avión no es poca cosa: se pregunta, se negocia y se entiende uno. No hay vacunas obligatorias viniendo de España; agua embotellada, repelente y protección solar alta, y el seguro de viaje contratado.
Hay dos puertas de entrada según lo que vayas a hacer: el aeropuerto de Punta Cana si el viaje es sobre todo de playa, y el de Las Américas, en Santo Domingo, si empiezas por la capital o vas hacia Samaná o el suroeste. Elegir bien la puerta ahorra un traslado largo el primer día, que es el día en que peor sienta.
El vuelo transatlántico sale prácticamente siempre de Madrid, y los circuitos de catálogo que trabajamos parten de Madrid o Barcelona. Desde Lorca hay que contar con el enlace hasta el aeropuerto de salida y, si el vuelo es de mañana, con una noche previa. La ida ronda las nueve horas y la vuelta suele ser algo más corta, porque los vientos de altura empujan hacia Europa.
Alrededor de nueve horas desde Madrid en la ida, y normalmente algo menos en la vuelta porque los vientos de altura ayudan hacia Europa. A eso hay que sumarle el traslado desde Lorca hasta el aeropuerto de salida, que conviene planificar con margen.
Sí, las ballenas jorobadas llegan a la bahía de Samaná aproximadamente entre enero y marzo, con el mejor momento en la parte central de esa ventana. Se ven en salidas en barco con embarcaciones autorizadas. El alojamiento en la zona se llena con bastante antelación en esas semanas.
Depende de para qué vayas. Si el viaje es de descanso puro, Punta Cana se basta. Si quieres conocer el país, con dos o tres noches en Santo Domingo y una excursión a Saona o a Los Haitises ya cambia por completo la sensación del viaje, y logísticamente no complica nada.
Se puede, y para la zona suroeste o para Samaná da mucha libertad. Hay que contar con un estilo de conducción distinto al de aquí, señalización irregular fuera de las autopistas y con la recomendación general de no conducir de noche por carreteras secundarias. Para viajes cortos suele salir mejor el traslado privado.
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